Las lecciones de la prueba PISA para México
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Las lecciones de la prueba PISA para México
De acuerdo con Nalleli de la Torre, académica del Departamento de Psicología, Educación y Salud del ITESO, los resultados que arroja esta evaluación deben verse como un recurso para identificar áreas de mejora y fortalecer los procesos de aprendizaje en el país.
Judith Morán
Más que un termómetro para decirnos lo mal que está México en términos educativos, la prueba del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) tendría que ser una oportunidad para identificar las áreas de oportunidad y fortalecer los procesos de aprendizaje en el país, dice Nalleli de la Torre, académica del Departamento de Psicología, Educación y Salud (DPES) del ITESO. Para este fin, habría que inspeccionar más de cerca los datos que arroja el instrumento de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
La profesora señala que a pesar de los puntajes que México obtuvo en la prueba, “la organización reconoce la resiliencia que hay en los estudiantes mexicanos. Esto es interesante en el sentido de que se generó evidencia en torno a que los jóvenes saben pedir ayuda a sus profes, saben apoyarse con sus padres”.
Agregó que, aunque en los sectores económicos más vulnerables se obtuvieron las menores calificaciones, 12 por ciento de los puntajes más altos está en estos segmentos. “Entonces, una primera recomendación es que revisemos las condiciones de estos chavos que seguramente asisten a escuelas públicas, de manera que podamos reconocer el trabajo de los profes, identificar las condiciones de las escuelas y seguir apoyando el acompañamiento de las familias”.
¿Qué es y qué mide la prueba PISA?
De la Torre destaca que la prueba PISA evalúa las condiciones de aprendizaje de los países que integran la OCDE en tres áreas: lectura, ciencias y matemáticas. La puntuación promedio representa el nivel mínimo esperado de las funciones que tendrán los ciudadanos en actividades que promuevan el desarrollo económico de sus países.
“La prueba no busca medir el aprendizaje por el propio aprendizaje, sino por el producto que se puede generar en el futuro”.
La también profesora explica que en los últimos años los países nórdicos y algunos asiáticos son los que han ocupado los primeros lugares y México no ha pasado del puntaje promedio.
En un ejercicio rápido, De la Torre armó una tabla de los puntajes obtenidos por México en función de las reformas educativas desde el sexenio de Ernesto Zedillo y “el punto más alto se alcanza con la Reforma Integral de la Educación Básica durante el gobierno de Felipe Calderón, que tampoco es muy alto ni logra superar el promedio que en este año sube en ciencia cuatro puntos, pero no son estadísticamente significativos”.
La prueba, dice, se realizó con jóvenes de 15 años, es decir, “tenían nueve o diez años cuando ocurrió la pandemia, que significó un rezago educativo fuerte, sobre todo en América Latina. Entonces también tenemos que situar la condición de rezago previo que no se ha podido atender o subsanar durante estos años”.
Además, la también profesora de la Maestría en Educación y Convivencia del ITESO destaca que en el informe de la prueba se habla del aumento del uso de la IA en operaciones básicas, una práctica que está sustituyendo la lectura, la resolución de problemas y los procesos de pensamiento crítico.
Pueden resolver la tarea con ayuda de la IA y con ello ya no se generan los procesos cognitivos necesarios. “Tiene que ver con la regulación que hay en las escuelas para el uso de este tipo de tecnologías”, y aclara que no es que no deban usarse “sino acompañar la manera en la que queremos que sea utilizada”.
Este año, los resultados de la mayoría de los países participantes registraron una baja, incluyendo aquellos donde la tecnología es apreciada como Japón y Corea. Esto, considera la académica, deja más preguntas sobre el uso que le dan los jóvenes a la tecnología.
“Hay dos elementos clave: seguir apostando por un uso en el que la inteligencia artificial sea una mediación y no un sustituto de los procesos que tienen que generar los jóvenes. Y en términos de política educativa, utilizar con seriedad los resultados como una oportunidad para mejorar lo que estamos viendo en las áreas en las que tenemos más debilidad”.
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